Las teclas del piano

Las teclas del piano , pero esto también se aplica a otros instrumentos que se utilizan en su mecánica de teclas como el clavicémbalo, el órgano, el acordeón, etc., son las palancas (hechas de madera recubierta de marfil o ébano), que, presionadas por los dedos del intérprete, mueven el mecanismo que causa el sonido. Las teclas del piano son blancas y negras y juntas forman el teclado. En los instrumentos modernos las teclas del piano van desde 85 hasta 88 , formando siete octavas completas en los pianos verticales y ocho en los pianos de concierto.

La disposición de las teclas del piano se repite igual en todas las octavas. La octava única está compuesta por la alternancia de tres teclas blancas dentro de las cuales se insertan dos teclas negras y otras cinco blancas dentro de las cuales se insertan tres teclas negras. O, si lo prefieres, por la sucesión de dos y tres grupos de teclas negras intercaladas con teclas blancas de piano. Esta secuencia permite tocar las 12 notas de la escala cromática bajando, en orden, 12 teclas del teclado. El patrón se repite idénticamente para todas las demás octavas variando hacia abajo o hacia arriba sólo la tonalidad.

La primera tecla blanca que precede al grupo de dos teclas negras es siempre el Do, que permite ejecutar la escala de Do mayor sin alteración.

Normalmente las teclas negras , en consideración a la tonalidad de la música a interpretar, se denominan bemoles o diesi s o, en términos generales, alteraciones , según se refieran a la nota que les sigue o a la que les precede. En el primer caso, generan un sonido que es más bajo que un semitono, en el segundo, siempre un semitono más alto que las siguientes teclas blancas.

Los nombres de las notas de las teclas del piano negro, empezando por la izquierda, son Re bemol o Do sostenido primera tecla, Mi bemol o Re sostenido segunda tecla, G bemol o F sostenido tercera llave, A bemol o G sostenido cuarta llave, B bemol o A sostenido quinta llave.

La primera clave negra que precede a la sucesión regular de grupos de dos o tres claves negras, que luego representa la clave negra más baja de la izquierda, es la A aguda o la B plana .

Los nombres de las notas de las teclas blancas del piano que componen la escala después de la llamada octava 0 que incluye la A0 en la primera tecla, Si0 en la segunda, son: C1 tercera tecla, D1 cuarta tecla, MI1 quinta tecla, F1 sexta tecla, G1 séptima tecla, A1 octava tecla, Si1 novena tecla, DO2 décima tecla ya que cada octava comienza y termina con la misma nota el C precisamente. La siguiente octava, como se ha dicho, reanuda la sucesión de las teclas del piano con las notas que se repiten en el mismo orden subiendo una octava cada vez C3, C4, C5, etc.

El punto de referencia es la tecla blanca central del teclado que identifica una C llamada central C o C4 (resaltada en azul claro en el diagrama anterior) que corresponde, en el pentagrama a la C, en la parte inferior, con el corte adicional que, cuando se intersecta con la nota, se llama “corte de cabeza”.

Tres consejos prácticos para la relajación del piano

Uno de los principios ineludibles de la técnica del piano que no se puede recalcar lo suficiente es el de la relajación muscular, que es la base de la naturalidad y el control de la ejecución. Un aspecto sobre el cual, no es sorprendente, el gran maestro ruso Heinrich Neuhaus vuelve varias veces.

Esto se debe a que, en la práctica del piano, la relajación, aunque fundamental, se olvida y se descuida con demasiada frecuencia. ¿Cuántas veces durante una lección de piano se obliga al profesor a instar a la relajación de los hombros y el cuello, observando un excesivo endurecimiento del alumno durante la realización de un ejercicio en el teclado.

También debemos admitir que la relajación muscular no es realmente una ley teórica, sino más exactamente una conciencia física, que debe ser adquirida progresivamente por sí misma, ya que nadie puede darnos indicaciones sobre cómo estar relajado. Debemos intentarlo una y otra vez hasta que alcancemos esta conciencia. Como es obvio, es necesario quererlo y recordar constantemente que hay que estar relajado.

Neuhaus informa, por cierto, de su experiencia como profesor con un ejemplo muy eficaz y divertido, escribe: “un niño normal, capaz de caminar con facilidad, de correr, saltar, jugar a la pelota, bailar, etc., se convirtió de repente en un perfecto abeto. Las razones son claras: la insuficiencia de la tarea, el terror frente al instrumento, la ausencia total de musicalidad le obligó a odiar secretamente, y a veces explícitamente, las lecciones de música, las notas, las teclas, todo”.

El aparecer como “perfectos borrachos” una vez que te sientas al piano es precisamente lo que arriesgas en ausencia de una adecuada relajación. La razón se explica pronto con una serie de efectos en cadena, empezando por los hombros contraídos que producen como consecuencia inmediata una pérdida de eficiencia del peso de los brazos en las llaves. La rigidez de los brazos reduce significativamente la movilidad de la muñeca. A su vez, una muñeca que está limitada en su movimiento lleva a la rigidez de la mano y de los dedos individuales. El efecto general es el de una pérdida global de agilidad y naturalidad que tiene como resultado inevitable lo que podemos traducir con la ecuación del cuerpo rígido igual al sonido duro y leñoso.

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